Lore: Vampiros


En Mistarcia, tierra de seres mágicos, míticos, dívinos y malignos hay lugar para éstos seres, los vampiros. Un vampiro es un muerto viviente dotado de una enorme fuerza y poder, que mantiene su inmortalidad bebiendo la sangre de seres vivos. Existen desde los tiempos más antiguos que recuerda el hombre. Sobre su origen hay una teoría:

Lilith, Reina de la Noche, Madre de los Demonios y primera mujer de Adán, como la auténtica y primigenia vampiresa. Creada por Dios a la vez que Adán, resultó tener un alma demasiado oscura y retorcida. No engendró más que espíritus del mal, por lo que fue apodada “Monstruo de la Noche”. Eran famosos sus festines de sangre noche tras noche e, incluso, se dice que seducía a hombres mientras dormían para conseguir aumentar su diabólica descendencia, conocida como súcubos.
Aunque la historia de los vampiros en Mistarcia no es nada específica, sí podemos hablar sobre el folklore que rige los diseños y personalidad de los vampiros en ésta tierra mágica. Ellos se remontan milenios atrás, su máximo apogeo se produjo entre los inicios del hombre feudal. El último vampiro conocido en Shadoverse es Urias.


Los vampiros, como están ya muertos, no requieren la mayoría de las cosas que habitualmente necesitan los seres vivos, como el oxígeno. A menudo tienen un aspecto pálido, mortecino y de semblante rubicundo, con piel suave al tacto. Algunos vampiros pueden volar. Esta energía es a veces sobrenatural, y se relaciona con la habilidad para imitar criaturas voladoras (como búhos o moscas) o formas livianas y ligeras (como paja, polvo y humo). Se dice que los vampiros utilizan el viento como principal medio de propulsión.

Los vampiros no tienen sombra ni pueden reflejarse en espejos o cristales. Por eso se afirma que carecen de alma. Algunas tradiciones sostienen que un vampiro tiene prohibido entrar en una casa a menos que lo inviten. Además, sus energías suelen ser limitadas durante el día: incluso el folclore afirma que el sol es capaz de “quemar” a los vampiros. Estos seres suelen ser renuentes al contacto con el agua o con grandes corrientes. Además, se dice que necesitan regresar a su sepulcro antes del amanecer para descansar y quedar protegidos de la peligrosa luz.

La forma de generar un nuevo vampiro no es muy complicada si se tiene el suficiente autocontrol. Solamente un vampiro puede crear a otro mediante “el beso del vampiro”; cuando una víctima se encuentra ante un vástago es muy fácil que quede hipnotizada y seducida por éste, entonces el vampiro busca la arteria carótida de su víctima (los vampiros prefieren la sangre limpia), a la que accede fácilmente desde el lateral del cuello, y clava sus colmillos con una gran precisión. De este modo puede beber de la víctima todas las veces que necesite sin que se desangre excesivamente. Este proceso puede durar varios días o algunos minutos, dependiendo del beso, pero suele concluir de la misma forma; la víctima muere de debilidad. Una vez que ya no queda sangre del mortal, justo en su último hálito de vida, el vampiro creador llena con su propia sangre el cuerpo de la víctima. Una sola gota de sangre vampírica sobre la boca del fallecido es suficiente para que despierte la Sed y comience a beber. Pasados unos días o, puede que incluso unas pocas horas, el muerto despierta en su tumba como un nuevo vástago.


No todos los “besos de vampiro” acaban con un nuevo vástago. Si el mortal no es desangrado y no muere, pero ha bebido la sangre de un vampiro, sigue viviendo normalmente, aunque adquiere una nueva fuerza y vitalidad. Le afecta menos el paso del tiempo y su aspecto es de lo más saludable, pero se crea una dependencia con el vampiro de manera que podríamos decir que pasa a ser su “esclavo”, creando también un vínculo sexual, y haciendo todo lo que el vampiro le pida por un poco más de su sangre. Al cuerpo del nuevo vampiro llega, también, la muerte de los órganos. El corazón no late, los pulmones no respiran y el estómago tampoco hace la digestión. De ahí que el único alimento que necesita un vampiro sea la sangre de un ser vivo, y la necesita, precisamente, para impedir que continúe el proceso de putrefacción de su cuerpo mortal. Esta sangre no pasa ya por venas ni arterias, si no que se distribuye homogéneamente por el interior del cuerpo mediante ósmosis. La sangre pasa a ser el único fluido presente en el cuerpo del vampiro, y por esto lloran oscuras lágrimas de sangre. Es algo paradójico que se diga de los vampiros que son inmortales, porque realmente lo son mientras encuentren sangre que permita que no se descomponga su cuerpo. Un vampiro también tiene sus propias luchas internas. Siente una obsesión, por no decir adicción, a la sangre. El hambre del vampiro nunca descansa y lo lleva a estar siempre al límite, en eterno conflicto sobre alimentarse o dejarse llevar totalmente para saciar la Sed. Es duro convivir con la Bestia dentro que, constantemente, lucha para ser liberada y cometer los crímenes más atroces. Sólo los vampiros con gran autocontrol muestran esa poca humanidad que, a veces, parecen tener. Se ven forzados a cenar y a masticar comidas que les desagradan sólo para engañar a sus víctimas mortales.

El color de sus ojos varia, entre rojo, negro y dorado, dependiendo de si tomaron sangre humana o animal. Permanecen eternamente jóvenes, con la edad que tenían al momento de ser convertidos. Los vampiros, como cualquier otra manifestación de la no-muerte dentro de las leyendas populares, son seres con un intenso apetito sexual, el cual no siempre se manifiesta abiertamente. En otras palabras, casi todas las actividades y hábitos asociados a los vampiros poseen una fuerte carga de simbolismo sexual, virtud que les ha valido una permanencia incuestionable en los mitos modernos.


El vampiro masculino somete de tal manera a sus víctimas que casi siempre da la impresión de que son ellas las que se entregan voluntariamente a sus apetitos. Nunca hay violencia directa contra de la voluntad de la víctima, sino una especie de danza de seducción que finalmente acabará con una entrega total, absoluta. Aquí encontramos el primer símbolo sexual en la cultura vampírica: la relación de poderes y el anhelo de someter como único vehículo de satisfacción del deseo. Visto desde una perspectiva funcional, no hay necesidad alguna de que los vampiros seduzcan a sus víctimas. El desequilibrio de fuerzas es tan notorio a favor de los vampiros que el ejercicio de seducir resulta más bien superfluo, al menos desde ésta óptica, salvo que entendamos que la sangre es apenas una parte del ritual. El abandono absoluto de la mujer ante el poder de persuasión del vampiro es análogo a la entrega sexual. Ofrecer la propia vida, sacrificarse, es una sublimación del acto de entregar el cuerpo a la persona deseada. Los varones vampiros basan su estilo de vida en la política y el poder, es por ello que suelen convertir vampiros para unirles a su clan y dominar el mundo o bien crear su séquito de mujeres vírgenes que le adoran y le proporcionan su sangre cuándo él quiera. Entablan su guerra contra los licántropos, no suelen transgredir los límites con lo divino y lo maligno, viven bajo sus propias reglas sin molestar aquellas formas de vida poderosas ya que podrían destruirles fácilmente (al poseer cuerpos humanos son vulnerables a la magia draconiana y de los elfos). Son considerados por los ángeles cómo seres de purga necesarios para limpiar a la humanidad de sus malos elementos, los demonios los ven de reojo y suelen entablar favores a cambio de cuerpos vivos de seres humanos.


Las vampiresas primigenias compartían el lado destructivo de las diosas. En el mejor de los casos, como a las diosas, se les asociaba con los ciclos de la vida, muerte y renacimiento. Sin embargo, generalmente se les vincula con la sangre, la muerte y la sexualidad peligrosa. Con el paso del tiempo, tales características se han despojado de su lado divino para convertirse en atributos exclusivos de las vampiresas, ya no de las diosas. Son muy celosas de su cuerpo y lo cuidan cómo ninguna otra cosa en su vida, ya que al ser eternas están condenadas a vivir en ése cuerpo hasta el momento de su destrucción. Son obsesivas con la belleza y el lujo, les atrae de sobremanera la perversión y la tortura sexual. La vampira vaga por la noche en busca de la sangre de las adolescentes. De no conseguir su principal objetivo pasarán a intentar seducir a los viajeros nocturnos. Ellas no suelen convertir más vampiros, beben la sangre y matan a sus víctimas violentando sus cuerpos con gran ferocidad dependiendo de su humor. Son tan fuertes como los varones, sin embargo, evitan los conflictos para poder preservar sus bellos cuerpos. Una práctica macabra que emplean para mantener su belleza es el baño de sangre, ellas reúnen un pequeño número de mujeres vírgenes y las esclavizan para vaciar su preciada sangre en una piscina colgándolas encima de ella, de éste modo las féminas se desangrarán hasta morir mientras que la vampireza se deleita entre la sangre, la luz de las velas y el brillo de la luna. Algunas amenizan éste ritual cortando las cuerdas bucales a sus desdichadas invitadas y armonizado el ambiente con música de piano interpretada por alguna servidumbre o vampira infante. Muchas otras disfrutan del macabro escenario bajo los aullidos de dolor y suplicas de sus victimas.


Las vampiras que fueron convertidas siendo niñas no poseen un cuerpo seductor por lo que cambian su estilo de vida y salen a cazar animales nobles (conejos, ovejas o venados casi siempre), mantienen su ternura característica y la aprovechan para poder alimentarse de la sangre de los pedófilos y las mujeres grandes que caen en su juego. No son comunes, algunas de ellas fueron princesas destinadas a ser reinas, pero la maldición cayó sobre su familia y fueron convertidas en el asalto en su castillo. Ahora éstos seres tienen su papel en la política familiar de los vampiros, ellas cuidan los castillos y mantienen vigilados los aspectos menos trascendentes de los alrededores del “reino”. Sienten un arraigo y sentimientos profundos por su hogar que pueden dar la vida para protegerlo. Algunas vampiras infantes se asocian con las vampiresas para que les provean de sangre humana a cambio de cuidar y procurar su morada, también suelen robar vestidos y joyas para ellas durante las noches para preservar su amistad.

No hay muchas señales de la existencia de niños vampiros, se cree que mueren por no poder beber sangre al no tener un cuerpo desarrollado para poder seducir y trabajar a sus victimas. También se cree que son asesinados por los vampiros adultos al considerarlos inútiles para la guerra o mueren por los rayos del sol al ser alcanzados por la mañana vagando por el bosque. Los pocos vampiros niños habitan en los castillos cobijados por el poder de su familia. Mantienen su curiosidad y ganas por jugar durante muchos años, suelen encontrarse con otros infantes vampiros en el bosque para jugar y alimentarse. Los infantes no presentan la crueldad ni sed de poder que los adultos presentan. Llegan a ser vistos cómo una criatura más en el bosque por los elfos al no considerarlos seres de maldad, sino más bien víctimas de ella. Los dragones se sienten conmovidos al verles ya que ellos conocen su origen y su final, por lo que les permiten conocerles y de vez en cuando les enseñan trucos de magia con el fin de divertirlos y proporcionarles defensas mágicas contra los vampiros adultos y licantropos que los puedan atacar, suelen prevenirles de los peligros del mundo y aconsejarles para mantenerse con vida. Los ángeles no los consideran un peligro y se entristecen por ver éstas formas de vida sin alma vagar por el mundo. Los demonios los ven con indiferencia y los humanos suelen cazarlos tendiéndoles trampas. Suelen encontrarse en algún momento de su vida con los ángeles negros y hacerse amigos de ellos para seguirlos hasta que mueren.
Vania es una vampira infante que parece ser inmune a los rayos del sol, probablemente aprendió a vivir de éste modo hechizada por su mascota Malinda (Una Dragon) de quién cuidó cuando era una bebé al verle sola y sin rumbo en el bosque. Vania inocentemente se declara Princesa de Malinda cuándo el Dragon creció y podía emprender vuelos largos.


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