Lore: Dis's Damnation


Comencemos por definir a Dis o Dite según Rage of Bahamut. Ella emerge materializándose de la oscuridad, ella de forma femenina y de gracia angelical le fue dada una espada negra, cómo la de los árboles de ébano que yacen en el inframundo. En su vida pasada fue una guerrera implacable, su espíritu fue acogido por Dios durante su vida dotándole de poderes sin iguales.  Así como El Arcángel Miguel le dotó a Jeanne de una fuerza y vitalidad sobresaliente.

Su tragedia es detallada de la siguiente manera: Durante la guerra santa ocupo el campo de batalla con ferocidad defendiendo lo más preciado para ella, su familia, misma que había sido amenazada por su Rey. Al llegar a su hogar encontró una escena fatídica, su familia había sido asesinada. Aquel lugar amurallado escondía la verdad. Ella acudió al Rey, mismo que confesó haberle traicionado al no saber de ella durante la guerra, pues decidió terminar con la vida de los integrantes de su familia  cómo prueba de su poder ante sus temerosos caballeros.

Salió corriendo gritando de angustia y dolor, casi perdiendo la razón. ¿Todo rastro de su familia había sido exterminado mientras ella defendía a los suyos… los suyos?  — se preguntò —. Lejos de todo el mundo y vagando en su melancolía escuchó una voz: ¿Deseas poder?, ¿Deseas conocer los más ocultos secretos?. Palabras que hicieron eco en su frágil y debilitado espíritu. Por fin cedió ante aquella voz descarnada clamando la oportunidad. El malévolo lo consiguió.

De la oscuridad de la muerte ella resurgió, sus futuras alas bancas de un negro opaco se tornarían.
Revolviéndose entre la luz de la luna de aquella noche su figura femenina se levantó.
Una espada negra cómo el ébano la sombras izarían.
Aquella hoja le daría venganza, la convirtió en vengadora.
El Ángel Vengador

Un toque de su mano le dio acceso a las artes oscuras, robadas de los agujeros de la agonía y encarnando las llamas abrasadoras de la oscuridad. Así nació el Vengador de ébano de fuego. Pero con gran poder viene un precio de peso equivalente. "Tú eres mía, mortal", susurró a la tentadora femenina. Se convirtió en el campeón de Dis, para siempre atrapado en el purgatorio entre el mundo mortal e inmortal. Dicho esto, ella se levantó y alzó el vuelo hacia su nuevo hogar: La ciudad de la muerte.

Dis se sentó en su trono de cráneos. Huesos decaídos, los trozos óseos llevaban signos de un milenio de desgaste. Estaba rodeada por los olores y las vistas de la muerte. Y sin embargo se sentía como en casa. La muerte era una parte de su ser, penetrando a través de la carne, la respiración y los ojos. Cada paso que daba en su lugar no era la vida, sino la desesperación y la verdad inamovible de los muertos. Ella sonrió. Por fin, tenía su campeón. Sería útil, un juguete para aplastar a sus rivales.

Dis no debe ser confundida con Simikiel — Angel de la Venganza, ella es una demonio a quién le fue entregada la Ciudad de la Muerte por el maligno ya que al tener vínculos divinos le es de especial importancia. A Dis también se le conoce como el ángel del mal ya que se presume que tuvo que morir para poder emerger con su nueva fuerza, ella es el único ángel caído que no fue desterrado, de hecho, nunca fue acogida por Dios ni mucho menos conoce el paraíso. Literalmente fue arrebatada de las manos de Dios al instante de su muerte.

La Ciudad de la Muerte o de Dite es la antítesis del paraíso: Se encuentra amurallada y rodeada por una laguna de aguas espesas y de gran hedor y fetidez, la entrada de la ciudad está limitada por una gran puerta de hierro. Dentro de los muros de la ciudad de Dite, vigilados por las tres Furias o Erinias (Megera, Alecto y Tisífone, diosas de la venganza), moran los herejes, metidos en sepulcros de fuego. Aquí son castigados los herejes (entre los cuales los epicúreos, que negaron la supervivencia del alma) en sepulcros en llamas: la idea probablemente está tomada de la pena a la cual estaban castigados los herejes en los tribunales terrenales, es decir la hoguera, en cuanto el fuego era considerado símbolo de purificación y correspondía a la luz que ellos pretendían expandir con sus doctrinas (Tal como Jeanne debió morir) En el Infierno los seguidores de cada secta están juntos, en contraste a la discordia y a la división que en cambio llevaron en la Iglesia, mientras que el sepulcro alude a la negación de la inmortalidad del alma (aunque no todas las herejías la negaban).

Los muros de la Ciudad de los Muertos separan al alto infierno del bajo infierno, dentro de ellas se encuentra la alta esfera demoniaca (la que decide habitar el infierno) y también se atormentan a los hombres impuros con terribles castigos. Muchos ángeles caídos habitan y resguardan éste lugar también.

Ha sido el ángel caído más fuerte de la segunda generación, tan sólo por detrás de Lucifer y Satán. Su poder rivaliza con el de los Serafines y está más allá que el de los Arcángeles. Su edad se remonta a antes de que el hijo de Dios haya pisado la tierra.



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