El Nacimiento de Dark Jeanne


Una mujer decidida, aquella bendecida por los Dioses, aquella que guiaría a la humanidad. Jeanne era su nombre, su voz retumbaba en los cielos cada vez que luchaba por la vida. En su camino conoció al Arcángel Miguel, quien le dotó de una fuerza sin igual, de quien se enamoró y a quién mató con sus propias manos. Los Dioses la abandonaron y los Ángeles la hicieron claudicar.

Jeanne se sentó en una esquina, la oscuridad abrazó su cuerpo y sus más oscuras pesadillas rasguñaron su alma, nunca más seria aceptada en los cielos. Lloraba desesperada por la salvación, se levantó y caminó, siguió con sus pies maltrechos y no se detuvo. Deprimida vagó por el mundo sin descanso, en algún punto ella murió… murió de pie… murió en su andar.

Ella miró al cielo desconsolada, rodeada de espadas rotas y cuerpos sin vida. Palabras de desesperanza salieron de su alma reclamando a los ángeles, en medio de la desolación ella cayó al suelo fulminada.

Somos solo humanos, los Dioses nos ven como humanos…
nuestro destino es el de un humano…
nuestros caminos nos llevan a todos lados, océanos, acantilados, bosques, desiertos…
nos llevamos siempre a donde quiera que vamos…
somos estudiantes, artistas, líderes, exploradores, y más…
somos emociones y experiencias, somos llanto y alegría…

En su profundo sueño los pensamientos de soledad divagaron en su espíritu, su fuerza era tan grande que aún muerta ningún demonio pudo tomar su alma, pero al mismo tiempo de ninguna forma su alma sería acogida en el paraíso, pues al final de cuentas ella mató a tres Arcángeles de Dios. Sin embargo una voz interfirió en su descanso eterno.

?: Los humanos nacen para vivir, Jeanne. Desde el momento en el que fueron arrojados en el universo su propósito no fue otro más que el de ser felices. No se supone que sirvan a los Dioses, no se supone que tengan que convertirse en uno de ellos. Jeanne, levántate y anda.

J: No hay motivo, si no hay un motivo, no vale la pena vivir.

?: Los humanos viven porque tienen un propósito que yace en el universo. Esta divina providencia es más fuerte que los Dioses que conoces, Jeanne, no te des por vencida. El tesoro de la vida está en tu corazón, lucha por tus ideales, resiste a los dioses impuros y a los ángeles desalmados. Jeanne, tu mundo ha sido corrompido. la humanidad te necesita, tienes que volver a la vida para proteger lo que más amas de todas las amenazas.

J: Soy un ser tan despreciable que ni siquiera el infierno podría acogerme, no vale la pena.

?: El cielo y el infierno no son dignos de tu presencia, sin embargo, sí lo es la humanidad. Una de las experiencias más humanas es la soledad, aquella con la que has convivido hasta tu muerte, seguramente no lo sabias, pero hay mucha más gente como tú, hundidos en una depresión gigante, muertos por dentro, con la misma sensación de abandono que tienes. Necesitas cumplir la voluntad de tu más grande amor, defiende a la humanidad.

Jeanne se levantó cubierta por las sombras, desahuciada miró al cielo empuñando su espada cubierta de un rojo vivo encendido por su voluntad ferviente. Ella convirtió los espectros que la rodeaban en un par de alas, un nuevo poder inimaginable se posó sobre ella. Del suelo se levantaron sus valerosos guerreros muertos del pasado. Su nueva misión estaba clara, desde entonces recorre el mundo eliminando a los injustos y tomando la vida de los que permiten que el mal se postre sobre los humanos, son los ángeles y demonios quienes morirán en sus manos.



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