Israfil, Arcángel de la Convicción


La convicción es definida por los hombres cómo el estado mental y disposición espiritual para finalizar un objetivo, nada más alejado de la realidad, pues Israfil es la encargada de llevar el Juicio final a los corazones de los hombres mediante esto rasgos y su melodía. Israfil no busca hacer el mal, ni mucho menos, sin embargo, esta tarea genocida y cruel le fue encargada por Dios y ella hace hasta lo imposible por apaciguar y hacer entender a los hombres, mujeres y niños que morirán que han de hacerlo en estado de gracia y paz. Su música es capaz de sanar las heridas emocionales más profundas y traer paz. Este rasgo es utilizado por ella para extraer el sufrimiento a los moribundos, se encarga de llevar paz y alegría a las almas de aquellos seres que vivieron bajo un tormento indescriptible en el lecho de su muerte.

Dios encargó al momento de su nacimiento a los elfos que realizaran un violín tan delicado y resistente para que este nunca se dañara, éste violín le fue otorgado a ella y su misión sería solo una, llevar el Juicio Final a los mortales. Sus lágrimas sagradas se tuercen en una sola línea que caen como espadas masacrando a los pecadores, su música retruena en la tierra haciéndola temblar abriendo grietas que se llenan de cuerpos humanos, los infantes caen fulminados al instante por decreto divino y sus cuerpos son recogidos por el resto de ángeles del apocalipsis.

Ella despliega sus alas adornadas de un intenso fuego azul que purifica y hace resquebrajar a los demonios e impuros, éste color simboliza la apertura al arrepentimiento. Su fuego cae fulminante sobre las cabezas de los hombres cubriendo sus cuerpos de un intenso calor tan fuerte que es capaz de carbonizar a los granitos más resistentes al instante. Aquellos con pensamientos oscuros encorarán en esta experiencia un dolor físico tan fuerte que clamaran por una muerte rápida que ella no les concederá.

Los justos y devotos mueren lentamente en estado de gracia, éste fuego no les causa ningún dolor, alzan las manos en forma de plegaria divina y su piel se ilumina desprendiendo sus almas que van directo a ella otorgándole más influencia, al final sus cuerpos quedan petrificados al compás de ésta música celestial. Sin duda es un espectáculo despiadado digno de mirar con atención.


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